lunes, 11 de diciembre de 2017

Feliz Navidad con AUDE

Madrid, 9 de diciembre de 2017
                                              
                Estimado amigo/a,
                               Habiendo transcurrido dos años desde el lanzamiento del proyecto AUDE África y habida cuenta que actualmente está integrada por 36 socios que están financiando los estudios universitarios de 16 alumnos en la República de Ruanda, consideramos que ha llegado el momento de una mayor difusión.
                               Se puede considerar que las actuaciones realizadas han sido exitosas, se ha logrado inscribir en el Registro de Asociaciones, se ha dado de alta en Hacienda y se están produciendo los cobros de cuotas y pagos a las universidades con plena normalidad. El proyecto ha sido acogido con entusiasmo por la sociedad ruandesa, lo que produce, a la vez, una demanda creciente por parte de numerosos alumnos que reúnen las condiciones para ser financiados.
                               Aunque de momento el ritmo ha sido satisfactorio, seguimos teniendo la necesidad de ampliar el número de socios para poder aproximarnos algo más a las demandas recibidas.
                               Por todo ello, consideramos que esta información puede ser de tu interés con objeto de poder ampliar el eco de este proyecto solidario, a través de cualquiera de las modalidades de colaboración establecidas: socio, donativos o difusión del proyecto.
                               Para más detalle e informa, disponemos de una página web www.audesarrollo.es
                               Un cordial saludo y Felices Fiestas,



                               José María Molina
                               Secretario de la Junta Directiva


viernes, 30 de junio de 2017

Las ratas de mi casa.




Desde que estoy aquí (Lagos), observo los movimientos sospechosos y rápidos cerca de la cocina. Antes, pensé que se trataba de un error óptico de mi parte o que me imaginaba algo inexistente. Pero luego vi con mis propios ojos que los movimientos en cuestión son de las ratas.
Una vez que me di cuenta del asunto con claridad, cogí mi cámara de fotos. Quería absolutamente inmortalizar esos bichos en una foto. Sin embargo, después de unos días intentándolo, no conseguí nada. Las ratas de mi casa son tan rápidas y tan asustas que no se dejan sorprender. Pasan a veces a mi lado corriendo tanto que no hay manera de sacarles una foto.
Nunca van juntas. Siempre que pasa una, corre sola al lado de la pared y tiene memorizado el lugar de tal manera que no se deja al descubierto durante mucho tiempo.  Cuando sale de debajo del sofá, entra debajo del armario y cuando sale, se introduce debajo de la puerta para entrar en otra habitación o ir fuera y desaparece por el alcantarilla que conduce agua. Ni siquiera sé si se trata de muchas ratas o de una rata. Este asunto me vuelve loco.
Cuando pregunté à un trabajador de la parroquia dónde estoy hospedado si no había manera de comprar un gato que acabase con ellas, me dijo una cosa muy sorprendente: “los gatos no quieren comer las ratas de Lagos”. Nunca había oído una tal cosa en mi vida. Siempre he entendido que el gato lleva en su ADN el odio al ratón y que lo mata siempre que lo ve incluso sin tener hambre. En otros lugares, he podido comprobar cómo cuando el gato captura un ratón sin hambre, pasa el día torturándolo y acaba comiéndolo después de horas de lo que parece un juego para él. Si en Lagos los gatos no comen ratas, debe ser un caso de escuela para los científicos. ¿El problema está en los gatos de Lagos o en las ratas? Pues, el trabajador estaba convencido que las ratas de Lagos deben comer cosas raras que producen una repulsa por parte del gato. Y añadió que es por esta razón que los habitantes de lagos temen también comerlas. Me dijo sonriendo: ¿Tú crees que estas ratas circularían tan alegremente delante de nosotros si fueran comestibles?
Si estas ratas entran en casa, significa que encuentran algo de comer. Pasan más a menudo por la cocina y seguramente con su olfato, saben que alguna comida o alguna migaja de pan cae por el suelo. Yo me decía a mis adentros que si se limitaran a pasear por la cocina, no tendría ningún inconveniente en tenerlas como vecinas. En otras palabras, si no entraran por mi habitación para comerme los pies como hacen a menudo en algunos sitios y si no se meten a hacer ruidos raros en algún rincón para impedirme el sueño, toleraría su presencia en la casa. Pero parece que el contrato no se está cumpliendo según mi deseo. Esta noche, he visto una entrar por debajo de mi puerta. Intenté seguirla para ver adónde se dirigía pero justo el tiempo de abrir la puerta, había desaparecido. Toda la noche, estuve atento a ver si se metía a comer alguna ropa o si subía en mis sábanas, pero no noté nada. Quizá ya no está allí.
Las ratas son animalitos que viven muy cerca del hombre sin ser nunca su amigo. Están siempre cerca y lejos a la vez, a una distancia elástica. Saben que el hombre no suele tolerarlas. Cuando te acercas, se alejan. Pero la casa humana tiene la comida que les gusta. Cuando no encuentran comida, se limitan a roer la ropa o cualquier otra cosa que encuentren dentro.
Estas ratas de mi casa me acuerdan un anécdota mía de hace años cuando estuve trabajando en la República Centroafricana. Un amigo  me envió una caja de Navidad desde España por correo postal. La caja llegó a correos de la capital, Bangui pero yo vivía a 900 km. Así que tardó mucho en los almacenes de correos. Cuando finalmente conseguí recuperarla, tenía un agujerito. Las ratas de correos se habían introducido dentro para un suculento banquete: chorizos, jamones, quesos, mazapanes, turones.  Solamente me dejaron una botella de vino, creo que más por impotencia que por piedad.
Las ratas que observo en mi casa deben ser de la raza llamada rattus norvegicus. Son ratas gris que suelen vivir en las alcantarillas. Son roedores natos que se mueven siempre en los ambientes del hombre sin nunca familiarizarse con él. Suelen vivir en las ciudades pero nunca alejarse de los lugares húmedos especialmente los lugares dónde fluye agua.
De momento, no tengo todavía ningún susto con estas vecinas. Espero llevarme bien con ellas hasta el final de mi estancia. Y si tengo suerte, tomarlas una foto de recuerdo.
Gaetan

lunes, 26 de junio de 2017

Lagos, ciudad de los contrastes.



Autor: Gaetan
De momento no puedo hablar de Lagos en su conjunto. Es una ciudad tan enorme que sería muy atrevido decir que, en una semana, uno tiene idea de cómo es. Además, desde la periferia dónde vivo, todavía no puedo decir nada del centro porque no lo he visto. Lagos es una ciudad de más de 15 millones de habitantes. Algunos hablan de 18. La verdad es que es una ciudad de grandes dimensiones en todos los sentidos pero también una ciudad de grandes contrastes.
Cuando preparaba el viaje para Nigeria, todo el mundo me pedía tener mucho cuidado pensando directamente en Boko Haram. Este grupo extremista musulmán lleva años matando a todos los que no comulgan con su  idea del islam radical en el norte de Nigeria pero también en Niger, Camerún y Chad. Matan a niños, mujeres, ancianos y hacen tantas barbaridades que su reputación está más que conocida en el mundo. Tanto es así que hoy en día cuando hablas de Nigeria, la gente piensa en Boko Haram. Pues, tengo que decir que aquí, el Lagos, lo único de lo que no se habla es Boko Haram. Si no tocas el tema expresamente, no sale en la conversación. Este país es tan grande y tan complejo que lo que pasa en el norte tiene poca repercusión en el sur. Tampoco se ven indicios de tensión entre los cristianos y los musulmanes en esta mega ciudad dónde las iglesias de todo tipo alternan con las mezquitas en cada rincón y la gente con cruz está en los mismos atascos que los que llevan djelaba.

La otra impresión que uno tiene es justamente el número de personas que andan por las calles de la ciudad. Hay verdaderos atascos de personas que van y vienen en los mismos carriles que los coches, las motos. Todo se mueve. Hay vida. No se puede hablar de exceso de velocidad porque los coches van en cadena uno tras otros y las personas van pasando  a veces cruzando las calles corriendo dónde no hay paso de cebra.  Todavía no he vista un solo semáforo en la pequeña parte que he visitado. Los coches y las personas se cruzan aplicando la lógica del más rápido. Conducir aquí es una verdadera hazaña. La pregunta que uno se hace al ver este espectáculo es: ¿por qué no hay accidentes cada día? No podría asegurar que no los haya pero diría que si los hay, son pocos con respecto a lo que uno podría esperar.
En todos los barrios, se ven los tendidos eléctricos. Todo hace creer que la corriente llega a todas partes en esta zona de la periferia. Sin embargo, también se oyen ruidos de los grupos electrógenos por todas partes. La explicación es sencilla: la luz pública está cortada casi siempre y nunca nadie sabe cuando llega y cuando se va. Los que tienen aparatos que necesitan electricidad en casa se ven obligados a comprar grupos electrógenos y a instalar moduladores de corriente para evitar las sobrecargas cuando viene la corriente pública. Al lado de mi habitación, hay un grupo que me entretiene con su ruido ensordecedor desde la mañana hasta tarde la noche. Si hubiera aparatos de medir la contaminación, Lagos podría ocupar un buen puesto en el ranking mundial. Sin embargo, nadie parece preocuparse por este problema. La gente tiene otras preocupaciones.

A ambos lados de cada calle, existen canales para evacuar agua. Se nota que en algún momento de la historia, ha habido grandes obras para mejorar la vida de los barrios. El problema es que ahora, por algún problema, los canales están llenos de agua verdosa estancada. En otros muchos lugares, están repletos de botellitas de plástico vacíos mezclados con las bolsas de plástico negras. Evidentemente, el ambiente es propicio para la proliferación de los mosquitos y un caldo de cultivo de diversas enfermedades. Se ve que los beneficios del petróleo extraído en este país en grandes cantidades (primer productor africano), no están llegando todavía a todos.
A pesar de todo esto, el pueblo nigeriano es extremadamente respetuoso hacia los sacerdotes y amables con visitantes extranjeros. Estoy sorprendido por los gestos de cariño recibido a lo largo del día y todos los días. No sé si lo hacen por mí por ser sacerdote o es una actitud general hacía cualquier extranjero que llega. Me costaría pensar que no sea así.
¡Este país me está encantando!


sábado, 24 de junio de 2017

Días de cólera en Bangassou



(Este texto escrito originaliamente en francés por el periodista Laurent, de la revista católica La Croix, relata el día a día en Bangassou cómo lo ha visto durante los tres días que estuvo sobre el terreno).

2000 Musulmanes están recluidos en el recinto del seminario menor del obispado de Bangassou.
Alrededor rondan los antibalaka que quieren matarlos.

Puñetazos, porras, tablones…como una lluvia caen los golpes sobre un adolescente enloquecido, a  pocos metros de la catedral de Bangassou (en el sudeste de la República Centroafricana), durante la misa. En el interior de la elegante iglesia de ladrillos rojos, la asamblea acaba de recitar al unísono el Padre Nuestro. Hay tormenta a un lado y recogimiento al otro. Poco a poco, una cierta inquietud se apodera de la asamblea. Algunos fieles  han entendido lo que está pasando fuera. Entre ellos, sor Julieta, una franciscana de Montpellier. Sale corriendo al exterior.  Ante ella, jóvenes musulmanes rivalizan por  participar en el linchamiento. Han reconocido que la víctima es uno de los milicianos que les hacía la vida imposible, día y noche.
Los parroquianos, entre ellos el chófer del obispado,  se meten a parar  la pelea con mucha valentía. Los golpes se multiplican. Algunos intentan interponerse, como por ejemplo una joven musulmana, que arranca el cuchillo de manos de su hermano. Sor Julieta levanta las manos al cielo, se acerca al torbellino intentando encontrar una solución. Grita con una voz débil que el horror tendría que acabarse. De repente, el adolescente es arrastrado por dos hombres que consiguen introducirle en la catedral llevándolo por los brazos, aunque antes, un niño  tiene tiempo de machacarle, con una enorme piedra, la cabeza. Una vez dentro de la iglesia, está a salvo. Sacan al chico por una puerta de atrás. “Todo esto es de locos” susurra Sor Julieta que se coloca en la fila para la comunión.
Al final de la celebración, la mayoría de los fieles desaparecen rápido. Una minoría lanza insultos en dirección al campamento de los musulmanes, a trescientos metros debajo de la catedral. “Después de todo lo que se os ha hecho, es así cómo nos lo agradecéis” se queja una religiosa que no soporta más vivir en este clima de tensión y violencia permanentes. Un señor grita: “No hay nada que hacer con vosotros”. Tres soldados marroquíes de la MINUSCA se acercan para calmar los ánimos. Pero el pueblo ya no quiere  a esta gente. Les acusa de incompetencia y de complicidad con los musulmanes.
Todo el mundo espera una reacción de los antibalaka. Son ellos los dueños de la ciudad desde el 13 de mayo cuando conquistaron Bangassou echando a los musulmanes. Estos últimos, refugiados en la mezquita central, fueron evacuados por las fuerzas especiales portuguesas, el 16 de mayo y les llevaron al seminario menor San Luis, en el obispado. Allí viven rodeados por los milicianos antibalaka que prefieren llamarse autodefensas. Dentro hay de todo: los scout, los antiguos seminaristas, los delincuentes, los jóvenes desempleados, los campesinos… Existe la sospecha que estos jóvenes están manipulados, financiados y armados por el entorno del expresidente François Bozize. Son siete pandillas que se reparten la ciudad, las tres más feroces están bajo el mando de un antiguo militar FACA, ejército de la época de Bozizé. Los musulmanes están expuestos, día y noche a los ataques de estos hombres sanguinarios. Si se atreven a salir del recinto del seminario, los antibalaka los masacran sin piedad. Sin ir más lejos, esta semana, algunos desplazados han intentado ir a Bangui en camiones que se introdujeron en la caravana de los camiones de PAM escoltados por los cascos azules de Mauritania. Uno de los vehículos se averió nada más salir de la ciudad. Los cascos azules siguieron su camino. Inmediatamente después, los antibalaka llegaron y reconociendo a uno de ellos, le mataron, le cortaron en trozos y pasearon con sus miembros por toda la ciudad. Los  otros dos  consiguieron esconderse en la hierba y llegar al convento de las religiosas de Montpellier. Sor Julieta les condujo luego, sanos, al obispado.
Todas las noches, los que rondan abren fuego y enseguida se oyen disparos por todos los barrios. Los desplazados esperan, con cierto fatalismo, bajo  las tiendas de ACNUR, el fin de la pesadilla, contando los disparos.
Enfermos y heridos habrían preferido no tener que ser hospitalizados. Los antibalaka se oponen a ello. Es prácticamente imposible cruzar la ciudad sin llamar su atención. Hasta los humanitarios tienen miedo de conducirles desde que dos musulmanes sobrevivientes de la mezquita fueron ejecutados en el hospital central. Hoy en día, los únicos que se hacen curar en el dispensario son los antibalaka y los no musulmanes.
Se acabó el tiempo en el que cristianos, musulmanes y animistas vivían en buena armonía aquí en Bangassou. Sin embargo, desde que la crisis estalló en 2013, habían resistido bien  a la pasión identitaria. Todo se acabó. La última vidriera de la vida en armonía en Centroáfrica se ha roto en Bangassou. “Ya se veía venir hace meses” explica mons. Aguirre, obispo de Bangassou que está protegiendo a los musulmanes. Tiene 65 años y ha sufrido tres infartos. “La llegada de los peulhs de Ali Darass en febrero de 2016 a Nzacko, a 190 km de aquí acabó desestabilizando toda la provincia de Mbomou. Se pusieron a saquear a los habitantes locales. El contingente marroquí de la MINUSCA no pudo defenderles, ni el gobierno centroafricano tampoco. Los jóvenes se sublevaron y poco a poco las cosas se caldearon” persigue el obispo.
Otro grupo de rebeldes compuestos de musulmanes chadianos se aprovechó de la situación para instalarse también en esta región rica en minerales como oro y diamantes, el FPRC (Frente Popular para el Renacimiento de Centroáfrica) del chado-centroafricano Nouredine Adam. “Cada día esperamos que irrumpa sobre Bangassou para socorrer a sus correligionarios del obispado. Al principio de la semana, asolaron Nzacko and Bakouma; saquearon los barrios de los cristianos; incendiaron decenas de casas; mataron a los jóvenes y pusieron patas arriba la iglesia incluido el quirófano recién construido. Ya lo habían hecho previamente en 2013” añade el obispo español. Como respuesta, los antibalaka destruyeron la mezquita de Bangassou. Los rumores anuncian una inminente  ofensiva de FPRC. Los SMS alarmistas circulan masivamente cada día y causan, a veces, un verdadero pánico y reacciones catastróficas en cadena.
El director diocesano de  Caritas, el padre Guy-Florentin N’zingazo acaba justamente de recibir uno que advierte que los antibalaka de Pino Pino (apodo de Pépin Wakanam), antiguo empleado de Areva, un gbaya de Boali, uno de los crueles de la ciudad, estaría a punto de atacar el seminario en represalia por el incidente de la mañana. Sus hombres estarían a 200 metros. El padre Alain Bissialo, párroco de Cristo Rey de Tokoyo, justo en frente de la mezquita destruida, se acerca para calmar los ánimos. Todo el mundo reconoce sus talentos mediadores. Él también ha acogido varias familias musulmanas en su parroquia.
El campamento del seminario menor no está bien asegurado. Están allí los cascos azules marroquíes pero no parecen dispuestos a pelearse de una manera eficaz. Ya abandonaron a los musulmanes en la mezquita central el 13 de mayo. Aquel día murieron 40 personas entre los cuales el imán, mujeres y niños. Por otro lado, se dice que los marroquíes abren fuego sin identificar sus objetivos. Aquí en Bangassou, son innumerables los heridos por sus balas. Hay un miedo añadido: se cree que si los antibalaka atacan, los extremistas musulmanes del campamento pueden volverse contra los sacerdotes que viven en el obispado.
Al final, el padre Bissialo consigue convencer a Pino Pino de no mover sus tropas. Es ya la tercera vez que esto ocurre en esta semana.
Por la tarde, el obispo recibe un mensaje de una religiosa, refugiada en RDC (República Democrática del Congo), al otro lado del río Mbomou, frontera natural entre los dos países. Anuncia que vuelve. La cita está fijada a las 16:00 al puerto. Antes de ir allí, el obispo pasa por el seminario menor para dar ánimos a los desplazados. Allí se cruza con Kaltouma, una mujer de 27 años, sentada sola sobre una estera. El domingo 28 de mayo, la mujer pidió al padre Guy-Florentin que le ayudase a cruzar el río hacia el otro lado con sus cuatro hijos (12, 10, 8 y 2 años) y su hermana pequeña de 14 años. El cura tenía previsto ir con coche a decir misa por allá. Llegados al puerto, se toparon con los antibalaka de Ngade (uno, originario de Zabe, en el Mbomou). Los milicianos se apoderaron de Kaltouma, de sus hijos y de su hermana. Los llevaron aparte y los mataron. Creyendo que ella también estaba muerta, la tiraron al río de dónde la rescató una catequista,  que la recogió, la curó y la acompañó hasta el campamento.
Hay que decir que hay también personas justas en medio de todo esto. Incluso son mayoritarios” dice el cura mediador. Lo peor de la humanidad cohabita con su mejor lado. Los cristianos de Bangassou no escapan a esta regla general. Caritas es la responsable del campamento y es ella que coordina el trabajo de los agencias humanitarias de la ONU. Los desplazados huyen de algunos cristianos y están acogidos por otros cristianos.
Una hora más tarde, mons. Aguirre coge su coche y activa su música española. Se dirige al puerto. Los antibalaka de Ngade le paran. Son los mismos del 28 de mayo. Su coche está inmediatamente rodeado de esos criminales armados de AK 47, fusiles de caza, lanzas y machetes. Su jefe le insulta, le acusa de ser un mal cristiano, un cómplice de los musulmanes. Le amenaza con su arma, el dedo puesto al gatillo. “Después de todo lo que nos hicieron, hay que matarles a todos incluidos los que les ayudan. Yo soy católico, un verdadero católico” grita. El obispo con tranquilidad; le escucha y le responde con voz suave, mientras la melodía española se oye desde fuera del coche. Le dice: “El día  en que estés herido o amenazado, te vendré también a buscar para protegerte”. Las palabras no consiguen producir el efecto deseado. El miliciano le pide un billete de 10.000FCFA (6,5 euros). Como la religiosa no está todavía, el obispo no puede esperar.
48 horas más tarde, Pino Pino ataca el campamento del obispado. Los marroquíes abren fuego y consiguen rechazar a los asaltantes. Pero hay una noticia esperanzadora: un niño ha nacido en la misma noche, en el comedor del seminario menor.
Laurent Larcher
Traducción española: Gaetan

viernes, 23 de junio de 2017

Las formas y las formalidades.




Cada viaje lleva consigo unos momentos llamativos. Debe ser por eso que algunos afirman que viajar es aprender. Siempre que pasas de un aeropuerto a otro, vas notando gestos curiosos, personas con diversos comportamientos, costumbres diferentes etc. En mi caso, me gusta mirar los detalles que, para algunos, pueden no tener mucha importancia.
El otro día, tenía un vuelo desde Casablanca (Marruecos) a Lagos (Nigeria). Después de una larga espera dentro del aeropuerto y una que otra anécdota, la pantalla de anuncios marcó el inicio del embarque. Me apresuré hacía la puerta y sorprendentemente, no había todavía nadie para atendernos. Muchos nigerianos ya estaban agrupados cerca de la puerta con sus maletas. Nada de cola ni de orden. Yo observaba desde un poquito lejos.
Por fin llegaron las chicas de para atendernos. Pero ya el desorden estaba servido. Intentaron colocarnos en dos filas, una de busness class y otra de clase económica. Pero todos los que habían llegado antes estaban en la fila de preferentes y juraría que más de la mitad no tenían que estar allí. Empezó el jareo. Tanto en la fila de preferentes como en la mía, nadie parecía querer la cordura. El barullo era total, los gritos también. La tensión fue subiendo poco a poco hasta alcanzar los niveles inquietantes rozando el enfrentamiento. Los viajeros querían entrar todos a la vez y pasando todos por la cola de preferentes. No había manera de poner a esta gente en una cola ordenada para ir validando su tarjeta de embarque una a una. ¿Pensarían quizá que el avión no era suficiente para todos? ¿Es que el avión iba a despegar sin coger a todos? Al final, cuando ya no había posibilidad de entendimiento, apareció un funcionario de Air Maroc y con pausa, pudo poner algo de tranquilidad dejando entrar a la gente por dónde se encontraba.

El vuelo empezó sin dificultades y sin sobresaltos. Sin embargo, noté de repente algo curioso: todas las azafatas eran hombres. De hecho, no sé si llamarlos azafata en femenino. Cuando el piloto anunció el inminente aterrizaje y puso la luz del cinturón de seguridad, y ya el avión bajando con turbulencias además, una chica se levantó de su asiento para recorrer todo el pasillo hacia la cabina. Uno de los chicos que hacían de azafata corrió detrás de ella, la cogió por los hombros y ésta, le dio no sé qué argumento para seguir adelante. Casi iba a caer en este pasillo pero no cayó. Entregó una cosa que llevaba en sus manos a alguien de delante y volvió a su asiento.
El aterrizaje se hizo sin incidentes. Fuimos a esperar los equipajes. Allí veía a gente con carritos. Cuando quise saber dónde podía yo encontrar uno, me indicaron un estanco dónde pagar. Pero no tenía neiras, la moneda de Nigeria y necesitaba absolutamente un carrito. Fue cuando uno de los viajeros me vio en apuros y sin pensarlo dos veces se ofreció a pagar por mí sin nada a cambio. Y añadió una cosa bonita: “estamos en África, somos todos hermanos”. Fue una palabra de bienvenida a mi continente y una lección de gran importancia. Cuánto me gustaría oír esto por todas partes, por todo el planeta.
Con mi equipaje, pasé por los policías sin incidentes y luego por otros que miran el contenido del equipaje. Allí, uno de ellos me preguntó de dónde venía. Cuando le dije que España, sin abrir mis maletas, me preguntó: “¿nos traes agua de Europa?”. Yo no entendía que significaba esto. Insistía tanto que acabé entendiendo que esperaba algún dinero de mi parte. Se llama “formalidades” en algunos lugares. El problema es que incluso teniendo una bomba en la mochila, haciendo este tipo de “formalidades”, puedes pasar.
Salí fuera del aeropuerto dónde alguien me tendría que estar esperando con mi nombre sobre papel. Pero por mucho que mirara, no veía a nadie esperándome. La noche estaba todavía oscura. Nadie aparecía. De repente, se apagó la luz en todo el aeropuerto. Bienvenido a Nigeria. Allí seguí esperando en la oscuridad en una ciudad que desconocía por completo oyendo por todas partes una lengua que parecía inglés pero de la que no captaba nada o casi nada. Después de unos minutos, llegó nuevamente la luz.
Fue cuando un señor se acercó a mí y cogió mi carrito y me obligó a seguirle.
-          ¿Adónde me lleva usted?
-          Allí dónde la policía.
Me entró un miedo. El señor me explicó en un inglés que apenas entendía que el mejor lugar para las esperas era la policía. Me costó mucho fiarme de él pero ya estábamos en marcha. Contrariamente a lo que pensaba, la policía nos acogió bien y allí me encontró el que me tenía que llevar a destino. Evidentemente, tuvo que pagar algo a aquel señor que me había llevado a la policía. Es su manera de ganar la vida.
Gaetan